- Cosmonauta:aquí suele estar siempre gris. El cielo; gris ceniza.
- Pavel:la última vez que estuve en el espacio el cielo sobre Moscú era de color cereza, y la luna resplandecía en tonos dorados. Deberías limpiarte las gafas.
- Cosmonauta:sabes? a veces preferiría estar muerto.
Stanislaw nació antes del GPS y a veces se perdía por las calles de las ciudades comunistas. La arquitectura de los barrios más pobres nunca fue muy prolífica por lo que era muy fácil creer que se había girado en la esquina adecuada cuando en realidad se había sobrepasado 3 quiebros atrás.
Cuando el cosmonauta se pierde suele entrar en un portal cualquiera, subir a una cama cualquiera y dormir.
A veces, en sueños, todas las mujeres a las que amó le dicen el camino a seguir.
3 reproducciones
Soyuz 14, 0:18, voice on 121.75 MHz, Pavel Popovich calling “Zarya ya Berkut”, July 3, 1974
El cosmonauta vuelve al bosque donde cayó la cápsula. Donde nadie le fue a recoger.
Allí quedan pocas cosas. Un paracaídas algo raído. Una radio para escuchar el silencio. Algunas fotos de amigos.
De vuelta a casa, enciende la radio y oye la voz de su amigo Pavel. Se saludan, hablan del tiempo, de política, de fútbol y mujeres. Se despiden.
Mañana será otro día. Stan está un poco borracho.
Habrá resaca.
El cosmonauta flota en el espacio y cree estar bailando con ella. Entonces suena otra alarma.
Pausadamente (no se pueden hacer las cosas rápido en gravedad cero), coge una llave inglesa que flota a su lado y da un golpe a un par de sensores.
La alarma para.
Stan vuelve a cerrar los ojos y soñar despierto con que baila con ella.
La amante suicida se levanta temprano y despierta a los niños. Se pelea para que ella se ponga el jersey calentito. Se enfada para que él se esté quieto y desayune; es un manojo de nervios.
Los lleva al cole y se va corriendo al trabajo, donde pasará toda la jornada fantaseando con otros mundos.
Quizá vuelva a casa a medio día y vuelva a pelearse con sus hijos. La comida nunca es a gusto de todos. Quizá coma un tupper con otros compañeros de la oficina. Cada vez menos. Maldita crisis.
Su marido siempre lejos.
Al final del día, no le quedará más que la certeza de otro mañana igual y unas cuantas películas en el ordenador.
Y a lo lejos, un hombre vestido de cosmonauta que le sonríe…
El cosmonauta se dejó un bigote estrecho la última vez que se afeitó, como los que aparecen en las revistas de moda que encuentra en las casas de las mujeres que a veces visita para imaginárselas saliendo de la ducha o cambiándose en sus habitaciones.
La amante suicida no cerró bien la capucha de su escafandra antes del despegue de la nave.
Stanislaw se levanta otro día tarde para volver a encontrarse solo. Aunque las señales a su alrededor le indiquen que hay gente alrededor.
Vuelve a caminar por la ciudad para ir a un bar donde saciar su hambre y tomar otro vodka que le ayude a terminar la jornada.
A terminar el día borracho.
Y solo.
El cosmonauta no encontró en todo Moscú una sola cafetera de una sola taza.